“…amarás a tu prójimo como a ti mismo…” (Marcos 12, 31). ¿Amamos al prójimo?... es un tema interesante para filosofar, diría que algunas veces sí, otras no tanto. Pero lo que realmente me interesa en esta ocasión es eso de COMO A TI MISMO, es decir la autoestima.
La palabra autoestima viene formada por el prefijo auto (uno mismo) y de la palabra estimar (tasar, valorar, evaluar). Dicho esto, se entiende que autoestima se refiere al valor que se da a uno mismo. Pero no es tan sencillo como parece, porque el valor que se da a uno mismo implica no solo como nos percibimos o lo que pensamos de nosotros, sino también como actuamos y como nos sentimos, con nosotros y con los demás.
La autoestima no se hereda, se aprende, se va formando a medida que pasa nuestra vida, desde las más tempranas experiencias.
Para poder desenvolvernos en este mundo, necesitamos hacernos una representación interna de las cosas, así optimizamos tiempo y recursos. Esas representaciones están en nuestra memoria, por ejemplo sabemos lo que es un árbol, como es, que partes lo conforman etc. De la misma manera nos hacemos una representación interna de nosotros mismos.
Todas las vivencias nos producen una sensación, ya sea de valía o de incompetencia. Los éxitos y los fracasos, la forma en que nos hemos desenvuelto, lo que nos dicen que hemos hecho bien, lo que creemos que hemos hecho mal; en general las experiencias con los demás influyen de manera importante en la imagen que tenemos de nosotros.
Gran parte de la aceptación que tenemos hacia nosotros mismos está influenciada por como de aceptados nos hemos sentido a lo largo de la vida. Todo esto va configurando la representación que tenemos de nosotros.
Autoestima es un concepto que no es estático, es decir que no se trata de todo o nada. Afortunadamente es algo modificable, pero la autoestima si determina nuestra forma de vivir. Una persona con autoestima alta se muestra segura, sabe que quiere y actúa en consecuencia; se siente capaz de alcanzar las metas que se propone, con su propia capacidad o buscando la ayuda necesaria para lograrlo. Por el contrario, alguien con autoestima baja se siente incompetente, incapaz de lograr metas, no se siente merecedor del éxito y se conforma con sobrevivir.
Desafortunadamente en nuestra cultura se ha dado mucho valor a la modestia, a la autocrítica y hemos aprendido a actuar poniéndonos freno y muchas veces no reconociendo nuestra propia valía, poniendo bajo cerrojo muchas de nuestras cualidades y capacidades.
Por fortuna hoy en día se ha empezado a aceptar la necesidad de conocernos mejor y lo beneficioso que es fortalecer el amor propio.
Desde la psicología se ha estudiado como se forma la autoestima, que eventos de la vida pudieron haberla afectado negativamente, la manera de fortalecerla, entre muchas otras cosas. Si una persona reconoce que necesita modificar el concepto que tiene de sí misma, siente la necesidad de conocerse mejor y explotar toda su potencialidad, no debe dudarlo, el psicólogo le será de gran ayuda.
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